“Efecto Mozart” ¿la música clasica nos hace más inteligentes?

Voy a dedicar esta tercera entrada a hablar sobre el llamado “efecto Mozart”, utilizado especialmente en bebés.

Gracias a diferentes estudios científicos sabemos que los bebés nacen con 100 billones de neuronas desconectadas, y que a medida que crecen y van siendo objeto de estímulos externos, éstas neuronas se van enlazando creando uniones más o menos intensas, durante el proceso de aprendizaje.

Pero, ¿qué es ese efecto Mozart y que relación tiene con los niños de corta edad?

Un grupo de investigadores de la universidad de California, en Irving, realizaron un experimento con 84 estudiantes universitarios, consistente en hacerles escuchar durante 10 minutos una sonata para piano de Mozart.

Al finalizar, los resultados fueron sorprendentes, ya que los científicos observaron que la capacidad de razonamiento de sus alumnos, así como la habilidad de formar una imagen mental a partir de modelos mostrados visualmente había mejorado. Sin embargo, pasada una hora, esta mejora desapareció.

Durante los años siguientes, continuaron realizando diversos experimentos, entre ellos someter a alumnos a clases de piano, canto… de distinta duración, y observaron que las mejoras tardaron más tiempo en disiparse.

Y en esto consiste el “efecto Mozart”. Los estímulos que reciben los niños en sus primeros años de vida son cruciales en su proceso de aprendizaje, por tanto, según los estudios realizados, someterles a escuchar música clásica a tan temprana edad puede ayudar al desarrollo de ciertas habilidades y capacidades, como el razonamiento o la comprensión de conceptos espacio-temporales.

En realidad, no solo la música compuesta por Mozart es capaz de llevar a cabo esta tarea. El efecto toma su nombre debido a que, especialmente su música, tiene un carácter compacto y entero. Apenas se pueden encontrar momentos inesperados o chocantes. Su música inspira libertad ya que el oyente siente que puede predecir lo que va a sonar a continuación, y esto facilita que la mente se relaje y pueda pensar con facilidad.

Después de todos estos “avances” y experimentos, recientemente se han realizado estudios que invalidan el “efecto Mozart”, y demuestran que personas expuestas a esta música no consiguen incrementar su inteligencia, ni siquiera temporalmente. Otros, sin embargo, afirman que las mejoras cerebrales no son debidas a la música clásica en cuestión, sino al estímulo en si mismo, pudiendo conseguir el mismo efecto con otros tipos de estímulos distintos a la música.

Pero lo que si es cierto, es que la música clásica, escuchada con una cierta atención, contribuye a la activación del cerebro y lo predispone para el aprendizaje, haciendo a al individuo más perceptivo, al menos temporalmente.

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