Armas sónicas

Este post tiene como objetivo hablar de un tema, que en primer momento me pareció más apropiado de la ciencia ficción que de la realidad actual, sin embargo una vez comienzas a investigar descubres, que está más cerca de nosotros de lo que creemos.

En primer lugar, creo que es mejor hacer un repaso por la historia y los usos bélicos del sonido. EL sonido siempre ha sido usado como arma para atemorizar al enemigo, infundir valor en tus propias tropas, o incluso permitirte llegar a estados de trance en los que puedas resistir el dolor o entrar en estados de furia. Todos recordamos en la películas de vaqueros como los indios bailaban alrededor del fuego durante horas, esta ficción se basa en pruebas reales de culturas dispersas por todo el mundo, que usando sonidos de frecuencias bajas conseguían efectos potenciadores.

Baile de guerra de nativos americanos

A la hora de mejorar el valor de las tropas en la batalla se han usado multitud de sonidos, desde cuernos a tambores, aunque sin embargo uno de los sonidos que mejor representa este uso de los sonidos es la gaita escocesa, muy usada en las batallas libradas por Escocia, o unidades escocesas, principalmente en la Edad Media, y en los siglos posteriores a esta.

Gaitas escocesas

Finalmente mencionar un ejemplo de música utilizada para desmoralizar al enemigo llevado al cine en la película “Apocalypsis Now”.

Apocalypsis Now

Sin embargo, en la actualidad se ha investigado el uso letal y no letal de armas que usan el sonido como forma de herir o incapacitar al enemigo, a lo largo de la segunda guerra mundial, tanto británicos como japoneses, llevaron a cabo experimentos y publicaron estudios sobre la posibilidad de utilizar para uso letal el sonido, sin embargo debido a las distancias estudiadas las potencias requeridas eran totalmente teóricas, siendo imposible llevarlas a la práctica.

En los años posteriores se publicaron estudios en varias partes del mundo sobre el uso de armas de sonidos con el objetivo de controlar multitudes o disuadir a la población, es decir, uso no letal, y como posible sustituto a las usadas actualmente, pelotas de goma y gases lacrimógenos, sin embargo, de momento los resultados eran demasiado caros y poco precisos para ser usados fuera de la investigación.

En las últimas décadas, se han desarrollado estudios para medir el efecto del sonido en el cuerpo humano en función de su frecuencia y su potencia, se ha demostrado que el efecto que tiene el sonido en el organismo es muy variado, desde romper tímpanos si se aplica un sonido lo suficientemente fuerte, a sentir náuseas y mareos en caso de aplicar infrasonidos o pérdida de las capacidades motoras para sonidos de muy baja frecuencia. A continuación, describiremos algunos efectos en los principales órganos al aplicar ciertos tipos de sonidos.

Con sonidos de muy alta potencia, en primer lugar perdemos audición de forma temporal o permanente dependiendo el tiempo de exposición y la potencia del sonido, produciendo daños en el oído interno y en el oído externo. A potencias aún mayores se pueden llegar a dañar otros órganos como los pulmones.

Con sonidos de bajas frecuencias, se han producido efectos muy diversos. Malestar, mareos, pérdida de conciencia  y pérdida del control de los ojos; sin embargo, estos efectos son muy variables de un individuo a otro y son difíciles de reproducir en distintos laboratorios por lo que su validez o su uso está en entredicho. Con sonidos de 0.5 Hz se ha observado que a los 175 dB tanto seres humanos como otros animales, pierden la capacidad de respirar adecuadamente produciendo asfixia y temblores. Aunque esta situación es reversible una vez se deja de aplicar el tratamiento, se puede producir salivación, sudoración, y otros efectos con frecuencias menores a 50 Hz y potencias superiores a 150dB.

Si aplicamos ultrasonidos; es decir, sonidos a altas frecuencias, el efecto principal es un aumento de temperatura corporal que podría producir daños cutáneos o en órganos internos, así como la total incapacitación de las funciones básicas del organismo y, finalmente, la muerte por el aumento brusco de la temperatura corporal. Actualmente, se encuentran en desarrollo armas que utilizan estas frecuencias, la más conocida es la llamada “Guardia silencioso”. Este emisor de rayos es capaz de aumentar la temperatura corporal a 50 grados y es capaz de traspasar la ropa; sin embargo, no paredes u obstáculos más grandes. Esta nueva arma presentada recientemente fue probada delante de varios periodistas, que sufrieron efectos no permanentes en sus organismos que les dejaron totalmente incapacitados.

Por tanto, como podemos ver, aunque el sonido como arma todavía pertenece al campo de la ciencia ficción por sus altos costes energéticos y monetarios, empiezan a convivir con nosotros algunas aplicaciones que nos permitan hacernos una idea del potencial del sonido y su poder.

Os dejamos un pequeño ejemplo,

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